viernes, 6 de junio de 2014

Rebeca

"Las mejores relaciones comienzan de la casualidad"

Otra frase para comenzar a contaros como conocí a la persona que junto con Juan, cambió el rumbo de mi vida.
Como sabéis, quien me inició como voluntaria fue una amiga, llamada Rebeca que conocí, típicamente, por ser amiga de una amiga. Ella se ha convertido en alguien fundamental y muy especial en mi vida y por ello esta entrada está única y exclusivamente dedicada a ella.
Después de la experiencia vivida aquel sábado por la noche yo no podía parar de darle vueltas a lo sucedido, no era la misma persona. Todo el mundo me lo notaba, casi no hablaba, no sonreía a menudo y eso era muy raro en una persona tan optimista y alegre como soy yo. Por ello un día recibí una llamada de una de mis amigas, Lucía, que quería sacarme de casa como fuese para que me pudiese distraer un poco. Le hice caso porque sabia que me iba a venir genial y fuimos a tomarnos algo a un bar dos calles a la derecha. Batido de vainilla mi elección, Coca-cola para ella. De repente por la puerta entró mi futura salvación, una chica rubia, alta, de ojos azules. Lo sé, rasgos completamente nórdicos. Ella conocía a Lucía y vino a nuestra mesa a saludarla, se presentó ante mi y estuvo un rato hablando con nosotros mientras esperaba a que llegase su novio con el que había quedado. Lucía le contó que yo no estaba pasando por mi mejor momento y aunque en un principio quería matarla y me moría de la vergüenza pensé que necesitaba desahogarme y tal vez en Rebeca encontraba a alguien en quien confiar así que empecé a relatarle todas mis sensaciones hasta que ella sonrió de oreja a oreja y me mostró la solución.
Su novio pertenecía a la cúpula de una ONG muy conocida y ella le ayudaba con un montón de tareas. Me ofreció acompañarles algún día a uno de sus comedores sociales, a una de sus pensiones o cualquier otra instalación. No os podéis ni imaginar como me sentí en aquel momento. Después de días de angustia encontraba una luz, un camino, una solución a mi 

Todo comenzó un sábado noche

"Yo soy lo que soy por lo que somos todos"
Me parecía perfecta esta frase para empezar el blog, este blog que contará todas las experiencias vividas por mi como voluntaria.
Hace aproximadamente un año empecé a ejercer de voluntaria aunque era un sueño que tenía desde hacía mucho más tiempo y que no sabía como cumplir. Gracias a la ayuda de una amiga que conocí por casualidad y que sabía como empezar en esto, comenzó mi aventura.
Voy a empezar por el final aunque no sea lo común pero quiero explicaros primero mi cambio como persona, mis sensaciones vividas en esos momentos especiales y como me siento ahora.
Antes de empezar todo esto debo reconocer que era una persona bastante alocada, que no pensaba mucho en si los demás sufrían o tenían necesidades y que vivía el presente sin pensar en que hacer mañana o en que se necesitará en el futuro de mi. Parece raro que a una persona como la que yo era le empezase a interesar ejercer como voluntaria pero así fue, un tiempo antes de todo esto algo cambió.
Era verano y yo estaba con mis amigos por la noche dando una vuelta camino de una discoteca en una noche de sábado fabulosa. Todo era perfecto y la noche se presentaba como una de las mejores del verano pero de repente todo me cambió. Cerca de un supermercado que había en nuestro camino vimos un grupo de personas reunidas, muy desaliñadas, arrodilladas frente a algo. Mis amigos no le dieron mayor importancia y siguieron a lo suyo pero yo que siempre he sido muy observadora me paré a ver que hacían. Un rato después reconocí a un amigo de la infancia, un amigo que como el resto de las personas que allí estaban, se encontraba rebuscando en la comida que todas estas empresas desechan cada día. Me quedé impactada, sin saber como reaccionar, y mis amigos me lo notaron. Me quería acercar a él pero algo en mi me decía que diese la vuelta, continuase andando y me lo pasase tan bien como había pensado. Estaba tan paralizada que ni me di cuenta que todos mis amigos estaban detrás mio mirándome y con una cara de asustados que jamás había visto en ellos. Vinieron hacia mi y me llevaron a mi casa porque yo no era capaz de reaccionar. Al día siguiente me sentía fatal, mal por no haberme acercado al chico, mal por no decirles nada a mis amigos y mal porque en parte me sentía culpable de lo que había visto, de no haberme dado cuenta antes de lo que pasa en algunas calles de cualquier ciudad. Desde ese momento empecé a cambiar completamente y decidí que quería hacer algo que cambiase la situación de gente como Juan, mi amigo de la infancia.